¡Saludos lectores! El
tema que nos ocupa hoy es bastante interesante: Guerra total, o cómo destruir
un país. La carrera armamentística hoy en día sigue más viva que nunca. Muchos
países invierten grandes porcentajes de su PIB en investigación militar. Nadie
sabe a dónde conducirá todo esto, si simplemente será una escalada
armamentística sin fin, o si algún día estallará algo como la III guerra mundial
que ponga en juego todas estas armas.

La tecnología militar
ha sufrido una gran revolución desde la introducción de la electrónica, que ha
permitido crear nuevos sistemas de defensa, coordinar equipos e incluso aviones
teledirigidos sin necesidad de llevar piloto. La ventaja de la electrónica es
brutal, por tanto, quien quiera tener un gran poderío militar debe fijarse en
este aspecto, más que en reclutar soldados.
Pero, ¿cuál es el
arma definitiva? ¿La que acabará con todos nuestros enemigos? Esta pregunta no
tiene respuesta, ya que cada vez que surge un arma, el enemigo ya está ideando
como protegerse frente a esa arma, y cuando logra hacerlo, el primero ya está
investigando cómo desactivar su protección. No existe el arma definitiva, pero el
truco de la guerra consiste en utilizar tus puntos fuertes y atacar los puntos
débiles del enemigo, en realizar acciones rápidas e inesperadas, que den al
enemigo poco tiempo de respuesta, un único ataque rápido y fulminante que
decida la guerra. O también se podría hacer lo contrario, atacar los puntos
fuertes del enemigo, ya que con el enemigo podría pensar que no estamos tan
locos para cometer esa insensatez, y no esperarían tal acción. En definitiva,
la guerra es como una partida de ajedrez.


Queda patente pues el
enorme poderío de estas bombas, ¿pero por qué aún no se han usado para destruir
objetivos enemigos? (exceptuando claro, el caso de Hiroshima y Nagasaki).
Porque el efecto de estas armas es tan devastador que existe un miedo
generalizado a usarlas, ya que un solo lanzamiento, podría generar una escalada
de lanzamientos como respuesta, que dejaría ambos países totalmente destruidos
en menos de una hora, según algunas estimaciones. Muchos han denominado esta
hora como la hora del Armagedón, aunque a mí me gusta más llamarlo la hora del
Juicio Final, en alusión a la película Terminator 3, y sería la duración total
de una guerra nuclear, increíblemente corta, pero increíblemente devastadora.
Eso sí, una cosa es
tener la tecnología apropiada para destruir un país, pero otra cosa es saber
cómo enviar la bomba a su destino. Una opción es montar las bombas en aviones,
posicionarse sobre el objetivo y lanzarlas, con los evidentes inconvenientes de
tener que desplazar tal pesada carga y riesgos de ser derribados por fuerzas
antiaéreas. Lo más efectivo sería montar las bombas sobre misiles balísticos intercontinentales
y lanzarlos. Pero se podría dar un paso más allá. En el pasado, cuando surgió
la aviación, dominar el cielo era una ventaja estratégica sobre países menos
avanzados en ese sentido. Ahora todos los países tienen una fuera aérea, pero
sólo dentro de la atmósfera. La dominación del espacio exterior puede dar una
ventaja decisiva en una guerra nuclear. Quien domine el espacio podrá atacar
impunemente cualquier parte del planeta, sin preocuparse de que le devuelvan el
golpe, ya que pocos países tienes la facultad de enviar objetos al espacio, y
menos aún con la suficiente precisión y rapidez para destruir un blanco. Además
no sólo es útil como estrategia ofensiva, sino también como defensiva, ya que
supone una base de misiles perfecta para detectar y neutralizar misiles balísticos
intercontinentales que sean lanzados por el enemigo.
Pero no sólo, existen
otras armas muy devastadoras. Una que en concreto me ha llamado la atención es
el Multi Pulso Electromagnético de gran altitud o HEMP en inglés. Se trata de un arma
con el que ya estamos muy familiarizados, pues aparece constantemente en la
saga Matrix. Dicha arma crea un campo electromagnético a su alrededor que
inutiliza cualquier máquina dentro de su perímetro de acción. Así es como las
naves de Sion podían defenderse de los centinelas que le acosaban. Por ejemplo,
los asteroides y meteoritos son capaces de generar un EMP. Al impactar contra
la Tierra liberan grandes cantidades de energía. Si hubiera alguna ciudad
cerca, ésta se quedaría a oscuras.

El siguiente
componente, el E2, que está producido por rayos gamma inelásticos y rayos gamma
provenientes de neutrones. Tiene unas características similares a las de un
rayo, por lo que los circuitos a menudo están protegidos contra ellos.
Y por último tenemos
el E3, que es bien distinto a los anteriores, está causado por la distorsión
magnética temporal que genera la detonación, este magnetismo genera una
corriente eléctrica de alto voltaje en los circuitos que los inutiliza.
Es posible proteger
los circuitos contra estos ataques, aunque evidentemente esta protección es
limitada, y además el coste de proteger todos los circuitos de un país sería
astronómico, con lo cual sería un ataque muy eficaz. El modo de ataque sería
cargar la bomba en un misil balístico intercontinental y enviarlo al país
objetivo, haciéndola estallar a gran altitud sobre éste, de esa manera, el
multipulso se propaga sobre la superficie. Cabe mencionar que tras un ataque
como éste, el país estaría completamente indefenso. Sin electricidad, sin luz,
sin teléfonos, etc. Todos los equipos de defensa y ataque quedarían
inservibles, y el país totalmente vulnerable a una ofensiva exterior. Pero no
sólo eso, también estaría muy expuesto a ataque desde el interior, revueltas,
disturbios, pillajes, saqueos, etc. Una situación realmente caótica, que nos
haría entender cuán elevada es nuestra dependencia de la electricidad.